Reporte México

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MARTÍN LAZO CUEVAS: Las golondrinas de San Juan Capistrano: memoria, migración y el eterno regreso

Por Martín Lazo Cuevas — La Voz del Pueblo, Comunidad Mexicana Internacional Cada primavera, cuando el calendario anuncia el tiempo del renacer, un antiguo ritual natural vuelve a desplegarse en el sur de California: el regreso de las golondrinas a San Juan Capistrano. No es solo un fenómeno biológico ni una curiosidad turística. Es una escena cargada de memoria, identidad y significado, que habla tanto de las aves como de los pueblos que, como ellas, viven entre el irse y el volver. Durante generaciones, las golondrinas han retornado puntualmente a los muros de la misión, atraídas por la seguridad de sus estructuras, la cercanía del agua y la abundancia de insectos. Desde la mirada científica, el fenómeno es claro: migración estacional, fidelidad al lugar de anidación, ciclos naturales que se repiten con precisión casi matemática. Pero los pueblos rara vez se conforman con una sola explicación. Donde la ciencia describe, la cultura interpreta. Donde la biología enumera, la memoria colectiva otorga sentido. Así nació la leyenda. Se dijo que las golondrinas llegaron como respuesta a una oración, como auxilio providencial contra plagas, como señal de protección para la misión. Se les vio no solo como aves, sino como mensajeras: mensajeras de renovación, de esperanza, de regreso. Con el tiempo, su llegada dejó de ser un simple hecho natural y se convirtió en un símbolo profundamente humano. Porque las golondrinas no solo migran. Regresan. Y en ese regresar hay una lección que toca fibras profundas en las comunidades migrantes. Irse por necesidad, por trabajo, por supervivencia, por sueños. Volver por memoria, por identidad, por raíces, por promesas no dichas pero siempre presentes. La golondrina se convierte así en espejo del migrante: alas extendidas entre dos mundos, corazón anclado en más de un territorio. Hoy, el número de golondrinas ha disminuido. La urbanización, los cambios en las construcciones, el uso de pesticidas y el cambio climático han alterado equilibrios que durante siglos parecieron inmutables. Sin embargo, la tradición persiste. Se sigue celebrando su llegada. Se sigue esperando su retorno. Porque, más allá de cuántas vengan, lo que se honra es la idea misma del regreso. En un tiempo donde millones de personas viven desplazadas entre fronteras físicas, culturales y emocionales, la historia de las golondrinas de San Juan Capistrano adquiere una fuerza simbólica mayor. Nos recuerda que migrar no significa olvidar. Que partir no borra el origen. Que regresar —aunque sea en memoria, en palabra o en identidad— es una forma de resistencia y de afirmación. Porque volver, incluso desde la distancia, es una manera de seguir siendo.
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