Revocación de Mandato: Cuando el Pueblo Dice Basta

📅 Publicado el: 28/01/2026
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Guadalajara, Jalisco México

Revocación de Mandato: Cuando el Pueblo Dice Basta

Por Martín Lazo Cuevas
La Voz del Pueblo — Comunidad Mexicana Internacional

La imagen es un grito político, pero sobre todo es un retrato social. No se trata únicamente de un nombre propio ni de un eslogan llamativo. Se trata de una acumulación de agravios que, cuando se juntan, se convierten en un reclamo legítimo de la ciudadanía. Tarifas que suben sin sensibilidad social, corrupción que se normaliza, inseguridad que se vuelve parte del paisaje cotidiano y servicios públicos que se encarecen mientras la calidad no mejora. Todo eso no es propaganda: es la experiencia diaria de miles de familias.

El aumento al transporte público no es un simple ajuste técnico. Para quien vive al día, para quien depende del camión para trabajar, estudiar o llevar a sus hijos a la escuela, cada peso extra es un golpe directo al ingreso familiar. Cuando el gobierno toma decisiones sin escuchar al pueblo, sin medir el impacto real en los hogares, lo que hace es profundizar la brecha entre quienes pueden absorber los costos y quienes apenas sobreviven.

La corrupción, cuando se vuelve cínica, deja de ser un escándalo aislado y se transforma en un sistema. Obras infladas, adquisiciones con sobreprecio, contratos que benefician a unos cuantos. Todo eso no solo roba dinero público: roba confianza, roba futuro y roba oportunidades. En un estado con problemas graves de seguridad, desapariciones y crisis humanitaria, cada peso mal usado es una traición directa a las víctimas y a sus familias.
La revocación de mandato, más allá de la coyuntura, representa un principio democrático fundamental: el poder no es un cheque en blanco. Gobernar no es un privilegio eterno, es una responsabilidad sujeta al escrutinio permanente del pueblo. Cuando la distancia entre el gobierno y la gente se vuelve insostenible, la revocación no es un acto de desestabilización, es un acto de soberanía ciudadana.

La protesta social no debería ser criminalizada. La historia demuestra que los grandes cambios han nacido del derecho a manifestarse, a organizarse y a exigir. Reprimir, intimidar o desacreditar la protesta es una señal de debilidad política, no de fortaleza institucional. Un gobierno seguro de sí mismo escucha, corrige y dialoga; no persigue.
Esta no es solo una discusión sobre una persona o un cargo. Es una discusión sobre el modelo de gobierno. ¿Se gobierna para los de arriba o para los de abajo? ¿Se toman decisiones pensando en el bienestar colectivo o en intereses particulares? La imagen lo resume con crudeza: cuando el pueblo siente que gobiernan para unos pocos, el reclamo se convierte en movimiento.

La revocación de mandato, en este contexto, es un recordatorio poderoso: el pueblo no es espectador, es protagonista.